DE MOTTA PSICOLOGÍA Y SALUD

Ejercicio físico y ansiedad: por qué moverse puede ayudar

La ansiedad no se manifiesta únicamente a través de pensamientos. También aparece en el cuerpo: taquicardia, tensión muscular, respiración rápida, sudoración o sensación de inquietud. El ejercicio físico puede ser un recurso útil para regular esta activación y mejorar el bienestar general.

No sustituye a un tratamiento psicológico cuando es necesario, pero puede formar parte de un abordaje más amplio.

Beneficios sobre el estado de ánimo

Moverse de forma regular favorece el descanso, reduce la tensión acumulada y puede mejorar la percepción de energía y autoeficacia. Alcanzar pequeños objetivos —caminar durante veinte minutos, completar una clase o recuperar una rutina— también aumenta la sensación de capacidad personal.

El ejercicio ofrece además una pausa frente a la rumiación. Las actividades que requieren atención al movimiento, al ritmo o al entorno ayudan a desplazar temporalmente el foco de los pensamientos repetitivos.

Perder el miedo a las sensaciones físicas

En el trastorno de pánico, algunas sensaciones normales del esfuerzo —el aumento del pulso, el calor o la respiración acelerada— pueden interpretarse como peligrosas.

La práctica gradual y segura de ejercicio permite comprobar que estas reacciones pueden aparecer sin que ocurra una catástrofe y que el cuerpo vuelve a su estado habitual después del esfuerzo.

Qué tipo de ejercicio es mejor

La mejor actividad es aquella que se adapta al estado de salud, resulta suficientemente agradable y puede mantenerse. Caminar, nadar, bailar, montar en bicicleta, entrenar fuerza o practicar yoga pueden ser buenas opciones.

Es preferible comenzar con objetivos pequeños y realistas. Una intensidad excesiva o un plan rígido pueden aumentar el abandono y la sensación de fracaso.

Si existen problemas médicos, un periodo largo de inactividad o síntomas físicos no valorados, conviene consultar antes de iniciar un programa exigente.

El ejercicio no consiste en obligarse a rendir. Puede entenderse como una forma de cuidado, un espacio para recuperar el contacto con el cuerpo y ampliar los recursos disponibles para afrontar la ansiedad.

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