DE MOTTA PSICOLOGÍA Y SALUD

Actividad física y bienestar emocional: moverse también es cuidarse

La actividad física suele asociarse al peso o a la apariencia, pero sus beneficios van mucho más allá. Movernos de manera regular favorece la salud cardiovascular, la movilidad, el descanso y el bienestar emocional.

Además, puede ayudar a reducir la tensión, mejorar el estado de ánimo y ampliar las oportunidades de relación social.

Actividad física no significa deporte competitivo

Caminar, bailar, subir escaleras, hacer tareas activas, jugar con los niños o desplazarse en bicicleta también cuenta. No todas las personas disfrutan del gimnasio ni necesitan entrenar con un objetivo de rendimiento.

Elegir actividades agradables y accesibles facilita la continuidad.

Empezar con poco sigue siendo empezar

Cuando llevamos tiempo inactivos, los planes muy exigentes suelen durar poco. Es preferible comenzar con una cantidad que resulte asumible y aumentarla gradualmente.

La regularidad ofrece más beneficios que los esfuerzos intensos y esporádicos. También ayuda asociar el movimiento a una rutina existente, como caminar después de comer o realizar una breve sesión antes de la ducha.

En la infancia, el movimiento es una necesidad

Los niños aprenden a relacionarse con la actividad física observando a los adultos y teniendo oportunidades para jugar. Utilizar el deporte como castigo o retirarlo de forma habitual por las notas puede transmitir que moverse es algo secundario.

El objetivo es que encuentren formas de actividad que disfruten y puedan mantener.

Cuidar sin exigirse

La actividad física no debe convertirse en otra fuente de culpa. Habrá periodos con menos energía, enfermedad o limitaciones. Adaptar el movimiento al momento personal forma parte del cuidado.

Ante problemas de salud, dolor persistente o una larga inactividad, conviene pedir orientación profesional. Moverse no es una obligación estética: es una manera de apoyar la salud física y emocional desde el respeto al propio cuerpo.

ÚLTIMAS ENTRADAS