
Las rutinas aportan orden y seguridad. Nos permiten realizar muchas tareas sin tener que decidir continuamente. Sin embargo, cuando todos los días se parecen demasiado, podemos sentir monotonía, apatía o desconexión.
No es necesario realizar un cambio radical para recuperar una sensación de novedad.
El ejercicio de una semana diferente
Durante siete días, elige cada jornada una acción distinta a la habitual. Puede ser cambiar el recorrido hacia el trabajo, probar una receta, escuchar un estilo de música nuevo, llamar a alguien, leer en otro lugar o realizar una actividad que llevas tiempo aplazando.
Planifica la acción el día anterior. Al finalizar la jornada, observa cómo te has sentido y qué has descubierto.
La finalidad no es buscar emociones intensas ni obligarse a disfrutar. Se trata de romper el piloto automático y ampliar la atención.
La novedad también puede ser interna
A veces no podemos cambiar las circunstancias, pero sí la forma de acercarnos a ellas. Podemos realizar una tarea más despacio, prestar atención a detalles que suelen pasar inadvertidos o preguntarnos qué necesitamos en ese momento.
Salir de la rutina no significa rechazar la estabilidad. Consiste en introducir pequeñas experiencias que devuelvan flexibilidad y curiosidad.
Las grandes satisfacciones no siempre proceden de grandes acontecimientos. Con frecuencia aparecen cuando volvemos a mirar lo cotidiano con algo más de presencia.



