DE MOTTA PSICOLOGÍA Y SALUD

Bullying: no es cosa de niños

El acoso escolar no es una pelea aislada ni un conflicto puntual entre compañeros. Se caracteriza por conductas repetidas de humillación, exclusión, amenaza o agresión, junto con una diferencia de poder que dificulta que la víctima pueda defenderse.

También puede producirse a través de redes sociales, mensajería o videojuegos, extendiendo el daño fuera del horario escolar.

Señales que pueden alertar

No todos los niños cuentan lo que está ocurriendo. El miedo, la vergüenza o la preocupación por empeorar la situación pueden llevarlos a guardar silencio.

Conviene prestar atención a cambios como:

  • rechazo repentino a acudir al colegio;
  • dolores de cabeza o de barriga frecuentes sin una causa clara;
  • alteraciones del sueño o del apetito;
  • pérdida o deterioro de objetos personales;
  • descenso del rendimiento;
  • aislamiento, tristeza, irritabilidad o ansiedad;
  • abandono de amistades o actividades que antes disfrutaba;
  • preocupación intensa después de utilizar el móvil.

Estas señales no confirman por sí solas que exista acoso, pero indican que es necesario hablar y explorar.

Cómo responder si lo cuenta

Escucha con calma, agradece que haya confiado y deja claro que no es culpable. Evita frases como “defiéndete”, “ignóralos” o “son cosas de niños”, porque pueden aumentar la sensación de soledad.

Recoge información concreta y contacta con el centro educativo para activar las medidas necesarias. No es aconsejable enfrentar directamente al menor con el presunto agresor ni intentar resolverlo únicamente entre familias.

El papel de quienes observan

Los espectadores pueden reforzar el acoso mediante la risa, el silencio o la difusión de contenidos. Educar para pedir ayuda, apoyar a la víctima y no compartir humillaciones es una parte esencial de la prevención.

El acoso requiere una respuesta coordinada que proteja a la víctima, intervenga sobre la conducta agresora y trabaje con el grupo. Cuando existe impacto emocional, el apoyo psicológico puede ayudar a recuperar seguridad, autoestima y confianza en las relaciones.

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