DE MOTTA PSICOLOGÍA Y SALUD

El efecto de las expectativas: cómo nuestras palabras influyen en los demás

Las palabras que recibimos de personas importantes pueden convertirse en parte de la forma en la que nos vemos. Cuando alguien transmite confianza, facilita que nos atrevamos a intentar, perseverar y aprender. Cuando repite que somos incapaces, torpes o problemáticos, podemos terminar actuando de acuerdo con esa etiqueta.

Este fenómeno se relaciona con el llamado efecto Pigmalión: las expectativas de una persona influyen en su comportamiento hacia otra y pueden favorecer que la expectativa inicial se cumpla.

No se trata de elogiar sin medida

Transmitir expectativas positivas no significa afirmar que todo saldrá bien ni evitar cualquier corrección. Los elogios generales y poco realistas pueden generar presión o resultar poco creíbles.

Es más útil reconocer conductas concretas: “Has seguido intentándolo aunque era difícil”, “Has pedido ayuda cuando la necesitabas” o “Veo que has preparado este trabajo con cuidado”.

De esta forma, se refuerzan estrategias y esfuerzos que la persona puede repetir.

Cuidar las etiquetas

Expresiones como “eres vago”, “siempre eres conflictivo” o “no se te dan bien las matemáticas” presentan una dificultad como una característica fija. Es preferible describir el comportamiento y señalar la posibilidad de cambio: “Hoy te ha costado empezar” o “Necesitas otra forma de practicar”.

Revisar nuestras propias expectativas

Padres, profesores y responsables de equipos no siempre son conscientes de que ofrecen más oportunidades, paciencia o atención a quienes consideran más capaces. Observar estas diferencias ayuda a crear entornos más justos.

También podemos aplicar esta reflexión a la forma en la que nos hablamos. Las expectativas internas rígidas limitan la iniciativa antes de empezar.

Confiar no significa garantizar el resultado. Significa transmitir que la persona puede aprender, pedir ayuda y seguir desarrollándose, incluso cuando comete errores.

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