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Cualquier afección médica implica a la vez alteraciones psicológicas, tanto en relación a las dificultades y limitaciones que supone al paciente como en las interrelaciones que se generan entre el sistema nervioso y los sistemas afectados. De la misma manera también se ha comprobado que muchos trastornos psicológicos se manifiestan como signos y síntomas físicos.
El término trastorno psicosomático se utiliza para referirse a un determinado trastorno físico donde los factores psicológicos ejercen una influencia determinante en la iniciación o empeoramiento de una determinada dolencia o padecimiento físico.
Trastornos más comunes:
Trastornos cardiovasculares (hipertensión, cardiopatía isquémica), trastornos respiratorios (asma), trastornos gastrointestinales (úlcera péptica, colon irritable, colitis ulcerosa), dolor crónico (cefaleas, dolor menstrual), trastornos dermatológicos (acné, dermatitis).
Una característica de las personas propensas a padecer estos trastornos es la dificultad de afrontamiento del estrés y de expresión emocional.
Áreas de intervención:
- Control del estrés, que incluye la modificación de situaciones potencialmente estresantes y de respuestas de afrontamiento habituales.
- Aprendizaje o eliminación de comportamientos habituales que favorecen o perjudican la salud (adquisición del hábito de practicar deporte, eliminación de la conducta de fumar…)
- La modificación de respuestas concretas y/o condiciones ambientales específicas de cada trastorno (disminución de la presión arterial en hipertensos, control de estímulos en el insomnio etc)